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Cuando se es alérgico a la pimienta, la mostaza y otras especias...

El listado de alimentos relacionados con reacciones alérgicas es bastante alto, y entre ellos se cuentan las especias, algo que sorprende porque a pesar de su consumo muy difundido, cuenta con una baja cantidad de personas a las que hacen mal.

 

El caso es que las especias tienen que ver con solo el 0,6 % de los casos registrados de alergias alimentarias en España, pero sus consecuencias pueden ser igual de graves que las de cualquier otra alergia, por lo que conviene poner atención en caso de que se sospeche de la aparición de una reacción alérgica a uno de estos productos.

La mostaza y los distintos tipos de pimienta son las dos especias que más alergias producen en nuestro país, debido- entre otras cosas- a que son dos de las más consumidas. En general, esta clase de problemas está muy relacionado con los hábitos de alimentación de cada región.

Además de la mostaza y la pimienta, otros productos utilizados como especias en las cocinas españolas, algunos de forma más tradicional y otros incorporados de manera más reciente, son la canela, la vainilla, el clavo de olor, la manzanilla, el azafrán, el jengibre, el sésamo, la cúrcuma y una variada cantidad de otros productos que resultan potenciales alérgenos.

La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) ha publicado un informe denominado Alergológica, que muestra un panorama general de las alergias en nuestro país, y en el que se indica que las alergias a los alimentos afectan a entre un 1 y 3 % de la población general, y se detalla que el problema es que muchas de esas alergias están infradiagnosticadas, es decir, los números oficiales señalan menos casos de los que existen en realidad.

En el caso concreto de las especias, se añaden algunas dificultades específicas, entra las que destaca que su consumo ha aumentado de manera exponencial en los últimos años debido a dos razones: por un lado, la difusión cada vez mayor de platos de otras regiones del mundo, donde las especias tienen una presencia mucho más amplia que en la dieta mediterránea, como por ejemplo, comidas del sudeste asiático, la India, México y otros países de Latinoamérica; y por el otro, el cambio en los hábitos alimentarios que implica el aumento del consumo de productos precocinados, muchos de los cuales incluyen diversas especias entre sus ingredientes.

Otro problema es que el etiquetado de los productos, tanto los precocinados como en general, suele informar de forma genérica de que incluyen "especias", pero sin especificar cuáles, y la normativa vigente tampoco lo exige, lo que hace que a menudo resulte muy difícil determinar de manera exacta qué especia en concreto es la causante de la alergia.

Las especias no se encuentran solo en comidas sino también en salsas, refrescos, infusiones y bebidas alcohólicas, e incluso en productos cosméticos, desde maquillajes y perfumes hasta cremas y líquidos para la higiene bucodental.

Otra dificultad para su diagnóstico reside en el hecho de que, al tratarse de polvo, las especias pueden dispersarse en el ambiente e ingresar al organismo también a través de la inhalación, es decir, puede operar del mismo modo que el polen y otras sustancias que flotan en el aire y pueden generar molestias, malestar y otros problemas.

Como dato positivo es necesario resaltar que, aunque las alergias alimentarias en general son mucho más comunes en niños, ya que entre un 4 y 8 % de la población infantil padece de alguna, según la SEAIC, la alergia a las especias aparece casi exclusivamente en adultos, quizás porque su consumo durante los primeros años de vida suele ser mucho más bajo.

Los síntomas más comunes de la alergia a las especias consisten en problemas digestivos, urticaria e inflamación de las vías respiratorias, unos resultados que pueden aparecer incluso tras consumir una muy pequeña cantidad del alérgeno en cuestión. Si se consume una cantidad elevada de tal sustancia, o con mucha frecuencia durante un periodo de tiempo más o menos prolongado, los efectos pueden ser de mayor gravedad, y puede llegar incluso a la llamada anafilaxis, una reacción que se caracteriza por la dificultad para respirar, el pulso débil y acelerado, baja presión, mareos o desmayos, y que puede incluso poner en riesgo la vida.

Hay que tener en cuenta que las reacciones negativas originadas por el consumo de especias no siempre implican la presencia de una alergia. En la mayoría de los casos lo que existe es una intolerancia alimentaria, un problema mucho menos grave que afecta a alrededor de una quinta parte de la población mundial y que no involucra al sistema inmunitario sino solo al digestivo.

La gravedad de sus posibles efectos, por lo tanto, es mucho menor, y a veces, con el paso del tiempo puede suceder que el sistema inmunológico deje de reaccionar de manera tan agresiva ante ese producto. En cualquier caso, es aconsejable que el intento de volver a consumirlo se realice siempre bajo supervisión médica.

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