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Cuando se padece intolerancia a la fructosa...

La fructosa está presente en una gran cantidad de alimentos, sobre todo en la fruta y en vegetales, pero también en productos procesados e industriales. Esta intolerancia se define por la presencia de síntomas asociados a esta malabsorción, ya que la fructosa no absorbida llega hasta el colon, donde las bacterias intestinales la someten a un proceso de fermentación que conduce a la liberación de gases, así como ácidos grasos de cadena corta y agua.

Esta intolerancia suele ir acompañada de la intolerancia al sorbitol, porque ambas sustancias se absorben en un mismo transportador intestinal específico, el denominado GLUT5. Aunque es muy frecuente, la intolerancia a la fructosa sigue siendo una gran desconocida, y el mejor método para el diagnóstico en la actualidad es el conocido test de hidrógeno espirado o "prueba del haliento".

María, que sufre de intolerancia a la fructosa ha explicado al diario 20 Minutos que para diagnosticarte "te hacen diferentes tomas de aliento en distintos intervalos de tiempo para ver como tu cuerpo tolera la fructosa ingerida al principio", y después, te dan un listado de alimentos basado en una dieta baja en fodmap y "te dicen que tienes que empezar una dieta durante tres semanas sin nada de fructosa", y poco a poco vas introduciento alimentos con diferente cantidad de fructosa.

María, lleva nueve meses trabajando con un nutricionista y está "viendo la luz un poco ahora". Es un proceso lento porque "tienes que ir introduciendo los alimentos e ir dejando al intestino descansar". Ahora ha incorporado la batata, los guisantes y el brócoli en su dieta, que antes le sentaban mal. "Estar mala significa estar tres días mal. Levantarte por la noche, diarreas, hinchazón... A la mínima me hincho muchísimo", relata. 

Ahora se encuentra en tratamiento con antibióticos y próximamente tiene que volver a acudir a los especialistas "porque están intentando limpiarme el intestino para ver qué otra cosa produce la intolerancia, ya que puede ser una alteración, el síntoma de otra enfermedad intestinal que está por debajo".

A Paula, por su parte, le dieron una hoja con alimentos que no podía consumir, sobre todo frutas y verduras de hoja verde. "Intenté hacerla pero era muy difícil de llevar a largo plazo y seguía encontrándome mal después de un año", ha afirmado. Pasado ese periodo de tiempo, acudió a una dietista-nutricionista especializada en intolerancias. "Esto fue ya en el año 2018, cuando empecé esta segunda fase del proceso con otra dieta. Me eliminaron todos los azúcares complejos, no era solo fructosa y sorbitol, sino que también fue la lactosa o las legumbres y me empezaron a retirar el gluten".

Dejó de tener molestias "de forma radical", pero perdió bastante peso en poco tiempo y "estaba mucho más cansada". Tras seis meses con esa dieta, comenzó a incorporar poco a poco otros alimentos para ver "lo que mi cuerpo soportaba y lo que no". Desde hace un año hace una dieta sin gluten. "Como de todo, aunque sigue habiendo frutas o verduras con las que noto síntomas, pero no como al principio".

"Cuando tengo más estrés, cuando descanso peor.... aunque haga mi dieta, no termino de encontrarme bien", explica Paula. Es un proceso "de ir descubriéndote" para conocer "los tiempos de tu cuerpo". 

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