infoalergico.com - Alba Quadrado, o cómo convivir con un "sin fin" de alergias...

Suscríbete gratis a nuestro Boletín semanal y recibe las últimas noticias relacionadas con el mundo de los alérgicos.

Alba Quadrado, o cómo convivir con un "sin fin" de alergias...

Alba Quadrado es una joven nacida en Gran Canaria, que padece alergia alimentaria a los frutos secos, al pescado, a los mariscos, al cacahuete, al huevo, al kiwi, al plátano y a la miel... pero eso  no es todo... a parte es celíaca, y sufre alergias ambientales al pelo de los animales, al polvo, a los hongos y al látex...

 

El diario digital La Voz de la Salud ha recogido el caso de esta joven que convive con todas esas alergias, tanto alimentarias como ambientales, y que reconoce que ni siquiera las tiene contadas «ya que todo tiene matices». De esta manera Alba se pregunta: «soy alérgica a los frutos secos, ¿pero cuántos frutos secos hay?», dando a entender lo absurdo de ponerse a sumar sus padecimientos.

De esta manera, la vida de Alba pasa por lidiar con la alergia desde que su madre se dio cuenta de que, cuando le daba el pecho, tenía asma, se le hinchaba la cara y le salían ronchas. «No sabían por qué. Pensemos que de esto hace 30 años, cuando ni siquiera existía Internet. Mi madre me llevó al pediatra, que le pidió que me diera el pecho delante de él para ver qué pasaba. Me hicieron pruebas y me diagnosticaron alergia a la proteína de la leche de vaca. Es la única alergia que he superado», ha explicado.

De la única que se fue, llegaron todas las demás: «Cada vez que me introducían un nuevo alimento acababa en urgencias. Recuerdo aquello. Por muy pequeña que fuese, recuerdo todas mis reacciones alérgicas. Se fueron diagnosticando por provocación, por así decirlo. Con el tiempo fue aumentando la lista hasta que hace dos años me diagnosticaron la celiaquía, que es algo nuevo para mí».

La historia de Alba tiene muchas ramificaciones, que van desde la versión clínica, donde con toda claridad es un caso especial, que ha hecho que más allá de los cásicos síntomas, hable con total normalidad de inmunoglobulina, anafilaxia y otros términos médicos. Pero es que además, hay una vertiente cotidiana muy importante que ha hecho que «con los años, me he dado cuenta de que cuando no hay una enfermedad aparentemente visible, algo físico, no se toma en serio».

La joven explica que las escenas desagradables, la incomprensión y el constante «no es para tanto» le hicieron iniciar un proyecto didáctico para normalizar la alergia alimentaria en el 2018 llamada Alergias con Alegría, que pretende ser un ejercicio de autocrítica como sociedad. Así las cosas, recuerda que sus padres cocinaban gambas o pescado en casa y, solamente por la inhalación, tenían que acudir a urgencias.

Alba cuenta que hay alimentos que le afectan por el contacto y por la inhalación, aparte de por la ingesta... pero el drama es que si había un perro o alguien fumando le daba el triple de alergia y tenía que ir a urgencias.

El cambio de chip, y el paso de una actitud de resistencia a una divulgativa, llegó cuanto tocó fondo. «Me detectaron esofagitis eosinofílica, que es una enfermedad rara del esófago que provoca que se cierre. Viene a ser como una alergia; pero esta todavía en investigación», cuenta, y a partir de ahí decidió investigar y conocerse. Así las cosas, la joven explica que «empecé a tomar las riendas de mi enfermedad autoinmune, me di cuenta de que si no las tomaba yo, nadie las iba a tomar por mí».

El aspecto social le preocupa mucho, ya que cuando trabajas, tendrás comidas de empresa; si tienes amigos, saldrás con ellos; te va a apetecer viajar. En este sentido, esta joven multialérgica afirma que "día a día me tengo que enfrentar al hecho de que soy alérgica y que fuera de casa estoy insegura. No me ha quedado otra que aprender».

Alba siempre lleva consigo adrenalina, un medicamento que, ante una crisis anafiláctica en la que se cierra la glotis, impide la parada cardiorespiratoria al expandir las vías respiratorias. Tras administrarse adrenalina es necesario acudir a urgencias para contrarrestar sus efectos con corticoides intravenosos.

Otras cosas son más difíciles de prevenir. En este sentido, Alba recuerda que «cuando era pequeña me pasaba mucho más: porque tocaba a un gato, a un perro, por estar en un ambiente de fumadores, por sentarme en una silla de un bar donde hubiera restos de cacahuetes o porque alguien que hubiese comido frutos secos me diera un beso en la cara. Ahora me puede pasar dos o tres veces al año porque me salgo del guion y me la juego. Pero reacciones leves... millones de veces. Es una constante en mi vida».

La joven denuncia que en el sector de la restauración y la hostelería, están muy verdes todavía con el asunto de las alergias alimentarias, algo que no sucede cuando se trata de una enfermedad aparentemente visible, algo físico. Si tú estás en una silla de ruedas, no se me ocurre decirte “joder, qué putada que no puedes caminar, no sabes lo que te pierdes”. De esta manera, se lamenta de que la alergia no se ve "hasta que te da una reacción alérgica, y entonces todos nos alarmamos. Porque no nos lo creíamos, porque no lo vemos y pensamos que no es para tanto, que no es tan grave".

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS

Organizaciones