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Cuando piensas que tienes alergia a tu mascota, y en realidad son ácaros...

Son muchas las ocasiones en las que los dueños de mascotas atribuyen erróneamente a una alergia a las mascotas algunos síntomas, hasta que esa primera impresión es descartada por un médico. Se trata de una circunstancia que sucede a menudo con los animales de compañía... y en muchas ocasiones no es tal, sino que la mascota está sufriendo a los molestos ácaros.

La explicación es muy sencilla, ya que las mascotas, sobre todo las de pelo largo, son como escobas, y a su paso van llevándose las partículas del suelo. Si, además, de ese movimiento, añadimos que algunas de ellas tienen más tendencia a ensuciarse, resulta que el paciente está acariciando una masa de ácaros y polvo doméstico, como si de una escoba se tratara.

Además, con las restricciones de movilidad causadas por la pandemia, las mascotas pasan el mayor tiempo en el hogar, una situación que provoca un incremento de las consultas en alergología de pacientes afectados por supuestas alergias a su mascota que, finalmente, han resultado ser provocadas por los ácars.

El problema surge cuando uno de los convivientes comienza a tener síntomas de alergia que afectan a su calidad de vida (rinitis, conjuntivitis, asma, dermatitis…) y el contacto con la mascota implica complicaciones, tanto para él como para alguno de los integrantes que conviven en el hogar.

En cualquier caso, una vez confirmado que esas molestias están provocadas por alergia a la mascota, llegado el caso, "no hay que echarle la culpa de la situación al animal ni tampoco provocar la salida del domicilio esa pérdida genera ansiedad porque se le considera un miembro más de la familia".

En la actualidad existen opciones que mejoran la situación, y los especialistas pueden indicar un tratamiento médico que temporalmente solucionará el problema o pueden prescribir una vacuna determinada frente al epitelio específico. Esta última opción ofrece excelentes resultados y provocará que la convivencia con la mascota sea mucho más gratificante.

Cuando se confirma que el origen de una alergia es el pelaje de la mascota, los dueños suelen mostrar su sorpresa porque el animal no tiene pelo o porque le han asegurado que se trata de una raza hipoalergénica, lo cual es falso, ya que los animales sin pelo sueltan caspa, del mismo modo que los humanos con alopecia, y los perros de rizo, aunque liberan menos cantidad, es la suficiente como para producir alergia a quien esté sensibilizado.

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