Denuncian el fraude de los Test de IpG para diagnosticar alergias alimentarias

"No te hagas un test de inmunoglobulinas G (IgG) para saber si tienes alergia o intolerancia a los alimentos, ya que no tiene ningún fundamento científico, y para lo único que te servirá es para perder tu tiempo, tu dinero y para tomar decisiones de salud equivocadas". Esta es la contundente afirmación realizada por la Organización de Consumidores Españoles (OCU) en relación con los populares test de IpG para diagnosticar alergias alimentarias.

Segú  publica la organización de consumidores, no tienes más que buscar en Google "test de sensibilidad IgG" para encontrar todo tipo de establecimientos que están haciendo negocio con esas pruebas. Generalmente se hacen en laboratorios de análisis clínicos, hospitales y aseguradoras privados... e incluso en algunas farmacias.

La OCU defiende que este tipo de pruebas no se ofrecen en la sanidad pública porque no hay fundamento científico que avale la relación entre la presencia de IgG con esas supuestas "sensibilidades alimentarias".

Estos test se realizan a partir de una pequeña muestra de sangre y cuantifican la presencia de inmunoglobulinas tipo G (IgG) frente a diferentes alimentos, generalmente entre 100 y 200 alimentos de manera simultánea. Los test se comercializan para determinar la sensibilidad de cada persona frente a multitud de alimentos, y, por supuesto, a mayor número de alimentos incluidos en el test, mayor es el precio de la prueba, que suele oscilar entre los 50 y 200 euros aproximadamente.

Las IgG Son parte de nuestro sistema inmunitario, que cuenta con varios mecanismos de defensa contra patógenos externos que nos pueden atacar, ya sean bacterias, virus, parásitos, hongos. Uno de ellos son los anticuerpos, a los que también se les llama inmunoglobulinas. Hay 5 grandes tipos dependiendo de su función: las inmunoglobulinas (o Ig) M, D, A, G y E. Por ejemplo, las IgM y las IgG están ahora muy de actualidad a raíz de los test serológicos de la Covid-19.

La realidad realidad es que se trata de unas proteínas solubles fabricadas por unas células (los linfocitos B) cuando reconocen un agente extraño en nuestro organismo, y que se unen a las proteínas de esos posibles "enemigos" actuando como una especie de faro que señalan a otras células del sistema inmunitario que es ahí a dónde deben acudir para destruir al agente invasor.

Sin embargo, en el caso de las alergias no se alteran las IgG sino las IgE y en las personas alérgicas los linfocitos B reconocen como dañinas proteínas de agentes externos inocuos como el polen, los ácaros del polvo, los alimentos, etc..., es entonces cuando se producen las IgE que desencadenan toda una reacción inmunitaria que da lugar a la respuesta o reacción alérgica que sufren estas personas cuando entran en contacto con ese alergeno.

Por eso en las pruebas para el diagnóstico de las alergias, incluidas las alergias alimentarias, lo que los médicos buscan son los niveles de IgE que una persona tiene frente al elemento que podría ser el agente responsable de la alergia.

De esta manera, no existe evidencia científica que demuestre la relación entre la presencia de IgG con esas supuestas “sensibilidades alimentarias”, hasta el punto de que la postura de los expertos en el campo de la inmunología y la nutrición es que la presencia de IgG frente a ciertos alergenos alimentarios es un indicador justo de lo contrario: de la tolerancia del organismo frente a los diferentes alimentos a los que el individuo se ha ido exponiendo a lo largo de la vida.

Según los expertos, de ningún modo indican intolerancia, hipersensibilización o reacción alérgica frente a dichos alimentos; y de hecho, en España, las sociedades científicas de este campo de la salud ya se han postulado en contra de estos test, como es el caso de las Sociedades de Patología Digestiva y de Nutrición y Dietética o la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, la cual los incluye en su listado de intervenciones sanitarias que no se deben de hacer.

Fuera de nuestras fronteras, la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología los tilda directamente de mito, y por eso estos test no se ofrecen dentro del sistema público de salud.

La OCU concluye que determinar la presencia de posibles alergias o intolerancias alimentarias a través de un test de IgG es u bulo, y recomienda que no tires tu dinero y no te sometas a dietas alimentarias restrictivas basadas en los resultados de estos tipos de test que no tienen validez diagnóstica alguna.

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