Cuando la alergia al polen cambia con la edad...

La prevalencia de las alergias por pólenes en la actualidad es de un 30 % en la población adulta y de un 20 % en la población por debajo de los 15 años. Sin embargo, en ambos grupos de edad han aumentado las alergias por pólenes en los últimos años. De esta manera, en 2005, dentro de las rinitis, un 56 % se debían a los pólenes en adultos y un 48 % en menores de 15 años; mientras que en 2015, los adultos son un 79 % y los menores de 15 años, un 69 %.

Según el presidente del Comité de Aerobiología de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic), Ángel Moral de Gregorio, “hace 15 años era raro encontrar alérgicos a pólenes por debajo de los 5 años de edad. Sin embargo, cada vez es más frecuente encontrar pacientes con síntomas de polinosis por debajo de esa cifra, incluso con 2 o 3 años de vida

Moral ha explicado que “son frecuentes los casos de niños que comienzan la marcha alérgica o atópica con una dermatitis atópica, posteriormente padecen una alergia alimentaria al huevo y/o la leche y finalmente, presentan una alergia respiratoria que se manifiesta primero como una rinitis alérgica y a continuación como asma alérgica”.

Según el especialista, los síntomas debidos a alergias a pólenes son similares en pacientes pediátricos y en adultos., y van a depender de los niveles de pólenes que se producen en la atmósfera, que serán diferentes de un año a otro, influenciados sobre todo por factores climatológicos como la lluvia, humedad, temperatura y el viento.

La historia natural de las alergias por pólenes no suele modificarse por la edad, pero sí se va a ver influida por las modificaciones en la exposición ambiental o por cambios geográficos. El tratamiento con inmunoterapia (vacunas alergénicas) es el único que puede modificar la evolución natural de las alergias por pólenes, disminuyendo la intensidad de la sintomatología, reduciendo las necesidades de tratamiento sintomático, mejorando la calidad de vida del paciente e incluso llegando a solucionar definitivamente la enfermedad”, indica Moral.

Por otra parte, si hace 15 años era raro encontrar pacientes con alergia a pólenes en los niños, en los pacientes por encima de 65 años de edad ocurría lo mismo, y se pensaba que el sistema inmunológico responsable del mecanismo fisiopatológico de las alergias perdía actividad con la edad y, como consecuencia, disminuían las enfermedades alérgicas en personas mayores. Sin embargo, cada vez y con mayor frecuencia se encuentran pacientes con alergia a pólenes por encima de los 65 años, incluso algunos que no lo habían padecido previamente; y no es raro encontrar pacientes con alergia a los cipreses con 65 años en los meses de invierno, que no habían presentado síntomas antes.

Las enfermedades alérgicas por pólenes son más frecuentes cada vez, independientemente de la edad, por una posible relación con el cambio climático y la contaminación, por lo que Moral ha señalado que "las partículas emitidas durante la combustión de los motores diésel y de las calefacciones crean un ambiente hostil para las plantas, y, al no poder desplazarse como harían otros seres vivos, se defienden de la contaminación modificando su fisiología, produciendo nuevas proteínas denominadas de estrés, que se localizan en el interior de los pólenes, haciéndolos más agresivos".

Esto explicaría por qué son más frecuentes las alergias a pólenes en la ciudad y en zonas cercanas a autopistas que en las zonas rurales donde hay más plantas. Además, el aumento del dióxido de carbono (CO2) y de la temperatura favorece el desarrollo de las plantas por estimular la fotosíntesis y ocasiona un aumento de la producción de pólenes.

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