Cuando se padece intolerancia a la fructosa...

Cuando hablamos de que una persona padece intolerancia a la fructosa, nos encontramos con que tiene dos alteraciones: por una parte, un problema de malabsorción, es decir, su intestino delgado no es capaz de absorber toda la fructosa que llega hasta él, y como consecuencia, esta fructosa sigue su camino, llega al intestino grueso y allí fermenta. Y, por otra, una hipersensibilidad visceral, o lo que es lo mismo, una excesiva fermentación de la fructosa que produce gases, y estos gases provocan muchos otros síntomas.

No todas las frutas producen los mismos síntomas, pero la realidad es que se produce una reacción en cadena, de modo que tendríamos que preguntarnos qué ha sucedido para que el intestino de una persona no pueda absorber la fructosa.

Esta malabsorción se debe a una alteración en las microvellosidades intestinales, provocada normalmente por un proceso inflamatorio consecuencia de distintas patologías. Detrás de una intolerancia a la fructosa es frecuente que haya un parásitos u otras enfermedades en las que muchos médicos no terminan de creer. Y por eso, no las diagnostican.

En es ounto se procudce una reacción en cadena, por lo que si ese proceso inflamatorio crónico que da origen a la intolerancia a la fructosa no se diagnostica y continúa, puede terminar creando problemas en la absorción de grasas o proteínas, y provocar la permeabilidad intestinal, que, a su vez, producirá una actividad inmunitaria excesiva que podrá dar lugar a nuevos problemas, como enfermedades autoinmunes, alergias…etc.

La dieta denominada FODMAP ayuda y mejora, aunque en muchos casos es insuficiente. Para eliminar los síntomas, habrá que empezar por restringir aquellos alimentos que van a provocar mayores fermentaciones en el intestino grueso. Cuando tenemos intolerancia a la fructosa, a esas sustancias se les añaden todas aquellas que nuestro intestino delgado fue incapaz de absorber porque está enfermo. Y los síntomas se multiplican.

Ante una persona con intolerancia a la fructosa, la primera medida pasa por limitar los azúcares más fermentables, de modo que se controla la sintomatología para que esta fase no sea demasiado duradera, ya que es una dieta bastante restrictiva y no es conveniente mantenerla en el tiempo.

Una vez que el paciente mejora, se trata de ir reintroduciendo, de uno en uno, los distintos azúcare, algo que debe ser supervisado por un especialista, ya que no hay dos personas que vayan a tener una dieta igual, porque normalmente una intolerancia a la fructosa va acompañada de más problemas.

Otro punto esencial es que las tablas de contenido de fructosa son orientativas, en cambio, si una fruta tiene tanta cantidad de glucosa que de fructosa, se neutraliza el problema. Es el caso de la papaya, la fruta que mejor se tolera porque tiene tanta fructosa como glucosa.

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