Cuando el niño padece alergia a la humedad...

Cuando un niño presenta síntomas de alergia, pero no es época de pólenes, se puede empezar a sospechar que previsiblemente tenga alergia a la humedad, que en realidad es una alergia a los hongos. De esta manera, si se nota que el niño presenta tos, picor de ojos, estornudos o moqueo constante durante los días lluviosos, húmedos o con niebla, sera conveniente llevarlo al pediatra.

Los hongos son unos organismos microscópicos que se encuentran en el medio ambiente y suponen unas de las causas principales de alergias respiratorias en los más pequeños. Se trata de organismos que suelen proliferar en zonas de humedad, bajo condiciones de temperatura cálida, y sobre todo en áreas poco luminosas.

Son comunmente denominados alérgenos perennes ya que predominan todo el año en las áreas en las que proliferan, aunque tipo de alergias tienen una mayor afectación entre los meses de septiembre y octubre.

El tiempo húmedo favorece su crecimiento, y cuando es soleado y ventoso contribuye a la diseminación de las esporas. En los climas cálidos y húmedos, los hongos están muy presentes a lo largo de todo el año, mientras que en las zonas templadas existe una mayor concentración a finales de verano.

Al tiempo, los hongos son capaces de descomponer y de degradar la celulosa, el almidón, así como la materia orgánica, por lo que la presencia de ésta favorece su crecimiento en graneros, establos, invernaderos, silos, o almacenes de alimentos, por lo que los niños con alergia a hongos deben evitar todos los lugares cerrados y donde se percibe el clásico olor a humedad o a moho. Estos hongos provienen de ambientes exteriores e interiores, en zonas en las que hay humedad, como áreas boscosas con tierra húmeda, o los entornos en los que se arrojan residuos, todos ellos lugares en los que hay materia orgánica de la que se nutren estos organismos microscópicos.

Cuando las esporas están en el aire y entran en contacto con las mucosas de los pacientes es el momento en el que producen las reacciones alérgicas, de forma que si afectan a la conjuntiva del globo ocular, esta alergia se manifiesta en forma de conjuntivitis, así como un aumento del lagrimeo, de la secreción ocular, del picor o de la irritación en los ojos.

Otros síntomas de esta alergia a los hongos son la rinitis, el goteo y la congestión nasal, el lagrimeo, los estornudos y la tos frecuente; aunque también, puede provocar picor en el paladar, en la garganta y en la nariz.

Si las esporas de los hongos llegan a nivel bronquial pueden producir hiperreactividad bronquial o asma, que se manifiesta cuando el menor tiene dificultades para respirar, tos frecuente, pitidos en el pecho o fatiga respiratoria.

Son numerosas las acciones que se pueden acometer en el interior de las viviendas para tratar de reducir el riesgo de que los menores se vean afectados por la alergia a los hongos, y enyre ellas detacan evitar las estancias más húmedas, solucionando los problemas de humedades de las habitaciones, conseguir que los cuartos de baño estén secos o se sequen con rapidez, recurrir a pinturas antifúngicas, evitar las plantas de interior, o no pasar tiempo en bodegas y sótanos en los que hay gran humedad y poca temperatura, condiciones idóneas para el crecimiento de hongos.

Además, es recomendable tener en cuenta que la utilización de purificadores y deshumidificadores en las viviendas resulta controvertida, puesto que pueden difuminar las esporas, que en su mayoría proceden de fuera de la vivienda y son los desencadenantes de la alergia.

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