La alergia a la leche de vaca, la más común en el primer año de vida

La alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) constituye la alergia más habitual en menores de un año... y es que entre el 6 % y el 8 % de los niños de esta edad presentan algún tipo de alergia alimentaria, y la APLV es la principal causa de estas estadísticas.

La APLV es el resultado de una respuesta inapropiada del sistema inmunitario, mediada por IgE, frente a las proteínas de leche de vaca, que desencadena una enfermedad multiorgánica que afecta a la piel, al sistema respiratorio y al correcto funcionamiento del intestino.

Numerosos estudios han demostrado que la APLV puede afectar tanto a la salud física como psicológica del niño, así como que produce una alteración muy importante en su calidad de vida, y en la de sus familias.

 Según el doctor Juan José Díaz Martín, del Servicio Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Universitario Central de Asturias, en todo el mundo desarrollado se está produciendo un aumento significativo de las enfermedades alérgicas. Múltiples factores asociados a la industrialización y al desarrollo tienen efectos muy importantes sobre la microbiota intestinal, que es un elemento clave para el adecuado funcionamiento del sistema inmunitario, implicado en la aparición de alergias. Aspectos como un menor número de hermanos en las familias, el consumo de antibióticos, el aumento de la frecuencia de partos por cesárea, entre otros, contribuyen a desequilibrar la microbiota en los primeros momentos de la vida del niño, lo que tiene una importancia notable”.

El especialista ha advertido que “se trata de una enfermedad que puede llegar a poner en riesgo vital a los pacientes, sobre todo, debido a exposiciones inadvertidas a la leche, que a veces se encuentra oculta en muchos alimentos”, y esta preocupación muchas veces lleva a un aislamiento social del pequeño, derivado de la preocupación de los padres, que suelen optar por limitar de forma excesiva las relaciones sociales de sus hijos. “Algo tan sencillo como ir a dormir a casa de un amigo o ir a un campamento escolar pueden suponer una situación de riesgo”, exlica el doctor Díaz.

Mientras algunos tipos de alergia a la proteína de la leche de vaca son de fácil diagnóstico, la forma no mediada por IgE de APLV puede aparecer de forma tardía -desde dos horas a días tras la ingesta de la leche- y con síntomas similares a los de otras enfermedades digestivas frecuentes en lactantes.

Los pacientes con APLV no mediada por IgE tardan habitualmente unas 10 semanas, y unas cuatro visitas al profesional sanitario, para recibir la confirmación de la enfermedad, un retraso en el diagnóstico que no solo se traduce en un aumento y prolongación de la angustia, sino que “pone al niño en riesgo importante, a veces vital en casos de anafilaxia y también en riesgo de desnutrición, en casos de afectación digestiva crónica, con daño mucoso y diarrea persistente”, subraya el doctor.

Según el Documento de Consenso elaborado cojuntamente por la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP), la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), las fórmulas extensamente hidrolizadas (FEH) a base de proteínas lácteas son la primera línea de tratamiento para la APLV, y “solo un 10 % de los lactantes no tolerarán estas fórmulas y precisarán tratamiento con una fórmula elemental”, indica el doctor Díaz.

En la actualidad existe una nueva generación de fórmulas extensamente hidrolizadas que incluyen en su composición lactosa y simbióticos que permiten disponer de fórmulas más cercanas a la leche materna, por lo que en los casos en los que se sospecha que no hay una afectación de la actividad lactásica intestinal, puede utilizarse una fórmula con lactosa.

Diagnosticar y tratar convenientemente y de manera precoz la APLV podría ayudar a prevenir el desarrollo de otras patologías en edades posteriores, según algunos estudios, “aunque es un tema todavía en discusión, existen datos que permiten sospechar que si se consigue un reequilibrio de la microbiota y del sistema inmunitario del niño, se podría evitar el desarrollo posterior de enfermedades alérgicas como el asma o la rinitis alérgica”, ha concluido el doctor Díaz.

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