Desarrollan un nuevo remedio contra las alergias alimentarias

En las dos últimas décadas, las alergias alimentarias se han disparado en los países occidentales, y para explicar este hecho se barajan varias hipótesis: patrones dietéticos occidentalizados, uso indebido de antibióticos... etc. Sin embargo, últimamente ha aparecido otro posible responsable: un microbioma intestinal alterado debido a los cambios en el estilo de vida.

Una investigación, publicada en la revista Nature Medicine y dirigida por la Dra. Cathryn Nagler, del Departamento de Patología de la Universidad de Chicago (Illinois, EEUU), ha encontrado que la bacteria comensal intestinal puede dictar el desarrollo de una respuesta alérgica contra la leche de vaca mediante la modulación de genes de células epiteliales intestinales ileales.

Según Fernando Luca de Tena, especialista en aparato digestivo del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas (CMED), “la detección de la actividad protectora de las bacterias de la familia Lachnospiraceae y la Anaerostipes caccae a nivel ileal es un gran paso para poder llegar a comprender la compleja relación de las células huésped y las comunidades bacterianas. El estudio es un punto de esperanza para conocer la compleja relación entre las diferentes bacterias intestinales”; y recuerda que "la leche es el alimento que más alergias causa, con una incidencia del 2,42 %, frente a la incidencia global acumulada de 3,92 % a los 12 meses de vida".

Según el doctor Luca de Tena, "las alergias alimentarias se han duplicado en nuestro país en las dos últimas décadas, afectando en la actualidad en torno al 8 % de los niños y entre el 3-4 % de los adultos”, y la de la leche de vaca es la más frecuente.

Un estudio realizado entre los años 2015-2016 ha permitido constatar que la leche es el alimento que más alergias causa, con una incidencia del 2,42 %, frente a la incidencia acumulada global de alergias alimentarias del 3,92% a los 12 meses de vida; al tiempo que diferentes estudios basados en la incidencia de las últimas dos enfermedades mencionadas en niños criados en el campo y la ciudad, demuestran que en los primeros existe una menor prevalencia.

Además, el uso indebido de antibióticos desde una edad muy temprana o la tasa más alta de cesáreas son otras de las causas. Los bebés alumbrados por cesárea son colonizados de otra manera; y al nacer, tienen su primera exposición a los microorganismos durante su paso por el canal del parto, dado que ingieren los contenidos del área vaginal y rectal.

Partiendo de la base de estudios anteriores que muestran que los bebés con alergia a la leche de vaca tienen una microbiota fecal diferente a la de los neonatos sanos, los investigadores buscaron explorar el papel causal de la misma en la protección contra este tipo de alergia en un modelo de ratón gnotobiótico. El equipo trasplantó heces de bebés alimentados con fórmula infantil a los ratones. Los investigadores alimentaron a los animales con su comida normal, pero incluyeron la fórmula que los bebés estaban bebiendo, esperando que la presencia de la dieta humana incentivaría a las bacterias a colonizar el tracto intestinal de los ratones.

Cuando los científicos alimentaron a los ratones con una proteína de la leche que causa alergia en humanos, los ratones que recibieron los trasplantes de bebés alérgicos mostraron signos de una reacción alérgica, incluyendo los de la anafilaxia. Los ratones que recibieron los trasplantes sanos no mostraron ningún tipo de reacción.

El análisis del contenido bacteriano de las heces de los bebés donantes encontró algunas diferencias llamativas; y los miembros de la clase de bacterias clostridia eran más frecuentes en las heces de los menores sanos que en las de los alérgicos. Una especie en particular, Anaerostipes caccae, fue menos detectable en las heces de los alérgicos.

Por su parte, José Antonio Oteo, jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Centro de Investigación Médica de La Rioja (RECIBIR) y del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario San Pedro, defiende que “el estudio viene a confirmar que el intestino y la microbiota del mismo juegan un papel esencial en la respuesta inmune del individuo y que desde el nacimiento (quizás antes) y en función de la alimentación y, como tal, del tipo de microbiota que predomine vamos a favorecer el desarrollo de un tipo de respuesta inmune: normal o alterada (alergia)”.

En cuanto a la posiblidad de que se puedan obtener estos mismos resultados en otros tipos de alergias alimentarias, el investigador admite que sí: “Ya sabemos que ponerse en contacto con elementos ‘extraños’ a nivel del sistema inmune desarrolla una respuesta inmune de tipo alérgico. Como es lógico, y siendo el intestino el órgano que más tejido linfoide (encargado de la respuesta inmune) presenta de nuestro organismo, la composición intestinal, incluidas las bacterias y lo que comemos, está en contacto desde el inicio de la vida con nuestro sistema inmune intestinal y en función del tipo de respuesta desarrollará alergia o enfermedades autoinmunes, o una respuesta normal. Ponerse en contacto con elementos extraños antes de que el sistema inmune vaya madurando es la teoría que subyace en muchos procesos alérgicos y autoinmunes”.

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